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Crónica de moda de una noche con la ‘charity’ valenciana

Crónica de moda de una noche con la ‘charity’ valenciana

Crónica de Greta Borrás. Una noche en el museo para descubrir que Valencia no es Nueva York ni el IVAM el MOMA.

VALENCIA. Yo, los lunes, tengo por principio no salir. Ya el resto de días, si mis obligaciones me lo permiten, lo que se tercie, faltaría más. Pero un lunes, no. El lunes es mi día sagrado de recogimiento absoluto y de entrega a la nostalgia más reciente, que no es otra que recordar el último fin de semana.

Les cuento esto, que no interesa a nadie, porque el pasado lunes hice una excepción acudiendo a la cena benéfica de la Asociación Valenciana de Caridad que se celebró en el IVAM con motivo de su XXV aniversario. Y lo hice por una buena causa. Por dos, en realidad: la oficial y por compartir mesa y confidencias con dos buenos amigos.

Y es que cuando se trata de una cena benéfica, ingenua -y rubia- que es una, siempre me viene a la mente una de esas cenas tan americanas en las que los asistentes aflojan los dólares a lo grande para poder codearse con lo más granado de la sociedad -siempre quise escribir esta frase-. Grandes empresarios, estrellas de cine, brokers, ricos coleccionistas de arte, ricos coleccionistas de todo, políticos, artistas, diseñadores, socialités… Cenan, se cuentan chismes y negocian mientras se hace caja para la -buena- causa de turno, que al final es lo que importa.
Luego está la parte más frivolonga, ya saben, los vestidazos, las pieles y los joyones que las señoras aprovechan para lucir en estas cenas. La caridad es para muchas una excusa perfecta para la vanidad pero, si así se lucha contra la desgracia de otros, benditos sean los vanidosos. Sin embargo, ni Valencia es Nueva York ni nuestro IVAM el MOMA, así que nuestras cenas benéficas son, digamos, menos epatantes que las galas neoyorquinas.

A pesar de lo arriesgado de organizar un acto así en lunes, casi un centenar de personalidades de la sociedad valenciana colaboraron con Casa de la Caridad asistiendo a la cena que tuvo lugar en el hall del IVAM. Y allí estaba yo -en misión secreta y especial- fichando a los asistentes y sus respectivos estilismos. Les cuento:

Me encontré con algunas autoridades de las de coche oficial, empresarios de los que mandan mucho, elegantes -unas pocas- mujeres de negocios: la que lucía louboutines y buen karma, la del bolso maravilloso, la simpatiquísima de las gafas cool y la de las joyas de autor, por ejemplo. Y hablando de mujeres elegantes, me quedé con las ganas de coincidir, una vez más, con las hermanas más glamourosas de la sociedad valenciana, imprescindibles en cualquier evento que aspire a etiquetarse de chic. En cambio, sí estaban un televisivo periodista y una presentadora que, a pesar de todo, conservan el buen humor -claro que sí-.

Y las ya clásicas “Señoras e hijas de”, solamente distinguibles entre ellas por la cantidad de laca empleada en sus peinados. Gente de la moda entre los que se encontraban diseñadores, peluqueros -perdón, estilistas-, y los dueños de la tienda más bonita y con más Pradas de Valencia. Incluso hubo una pequeña representación del gremio médico con un ilustre galeno de estilosa pajarita, ciencia y champagne, ya saben.

El toque deportivo, que nunca debe faltar en cualquier cena benéfica, lo puso un exfutbolista cuya mujer vestía un minimalista Balenciaga firmado por Ghesquière que fue de lo mejorcito de la noche en cuanto a estilismos.

Y entre tanto invitado que pinta algo en Valencia, eché de menos a los que pintan de verdad, sobre el lienzo, me refiero a los pintores en general y en especial a aquellos que han expuesto sus obras en las paredes de este museo. También a fotógrafos y escultores. Con lo espléndidos que son ellos con este tipo de iniciativas, no lo entiendo… A falta de artistas, la nota de color, el toque arty, lo puso el peinado más reconocible de la velada, su resistencia y perdurabilidad ya la quisiera algún que otro arquitecto para sus obras.

El dress code, como es natural en estos casos, rezaba traje oscuro y corbata para los caballeros, fiesta para las señoras. Puede que el escaso estilo de algunos asistentes se debiera a la tristeza natural que provoca empezar la semana y que no ayuda nada en estas cosas del vestir. Quiero pensar que eso los jueves, por ejemplo, no les pasa.

Así, algunos olvidaron la corbata y entre las señoras la confusión viraba del barroquismo barato de un vestido de Nochevieja a la sencillez de un conjuntito de tarde. Si asisten a alguna cena benéfica -que espero que sí-, permítanme un par de consejos, tómenlos como consejos de amiga. De nada, un placer:

En el caso de los caballeros, les recomiendo que no aprovechen los eventos solidarios para innovar con su vestimenta. Los pantalones rojos, las camisas de colores y estampados imposibles, los blazers de fantasía… olviden todo eso y, si no pueden, mejor experimenten en la shopping night o en algun cocktail de poca monta, qué sé yo. Lo que toca es traje oscuro, camisa blanca o azul y corbata. No hay más, aprovéchense ustedes que lo tienen fácil.

Nosotras, en cambio, tenemos que pensar un poco más. No vale un look demasiado casual ni vestir como si fuéramos a quemar la noche. Encontrar el equilibrio es complicado pero un vestido de cocktail, el color negro, unos zapatos bonitos de tacón y un buen bolso serán siempre nuestros mejores aliados. Ojo, también pueden olvidarse de la sobriedad e imitar a las señoras yanquis de las galas neoyorquinas presentándose con un modelazo, sus mejores joyas y lo que haga falta. Eso sí, lucir así de espléndida, conlleva que su aportación a la causa también lo sea.

Ya sé, ya sé que no estamos en Nueva York, que nos faltan benefactores, y que el IVAM está lejos de ser el MOMA. Por esta vez, soy capaz de olvidar todo eso, incluso, pasar por alto los crímenes de moda que presencié el lunes.

Todo sea porque, en cuestiones de caridad, vale más el hecho que el gesto.

Enlace al artículo original de Greta Borras para Valencia Plaza

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